15 marzo 2008

la vida eterna


No quiero ser pretencioso al titular así esta entrada, pero tampoco quiero dejar de decir lo que siento en este vuelo del alma que me lleva a confines remotos de difícil transmisión.
Solemos estar tan influidos por los acontecimientos que nos rodean que nos parece imposible acceder, sobrevolarlos, y tener una visión, una cualidad del alma distinta a la que no sea sufrir al leer o escuchar las noticias que nos hablan de incomprensibles actitudes humanas ante la vida de los demás, o hacia la propia.
Esto es real, forma parte del mundo que vivimos, pero, ¿es la única manera de verlo, de sentirlo?. Seré rápido: No. Creo que hemos puesto límites y pensamos que no hay nada más allá, vivimos en una pequeña estancia de una oscura cueva horadada en una pequeña montaña de un diminuto país.
¿Dónde habitan los sueños, qué son?, ¿y los planetas girando y el siguiente paso del alma cuando el cuerpo deja de latir?. Hay tanto visionario, tanta religión de culpabilidad, tanta lectura pseudo profética y apocalíptica; tanto olor a falso que preferimos renunciar a esa posibilidad y respirar el viciado aire de lo conocido.
Pero unas alas suaves y potentes me llevan a otros paraísos y respiro una vida más grande, ilimitada, que me da vértigo porque no concibo que no tenga fin pero me da un impulso y una energía que me hermana con el compañero, el ave que dibuja en el cielo su viaje sin huellas, el aroma de una flor y el latido del corazón, que respira serenidad y silencio: un indescriptible gozo al pertenecer junto con vosotros a esta explosión eterna de vida
Enlaces:
yogananda
Neale Donald Walsch

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20 enero 2008

la línea


Lo podía haber titulado el filo de la navaja o la del horizonte, ser o no ser, continua, discontinua, recta, curva. Normalmente separa, divide unas cosas de otras: fronteras, direcciones en la carretera; siempre las tenemos cerca, a veces, casi siempre, vamos trazándolas a nuestro paso, la araña lo hace, garbancito también.
A medida que crecemos vamos creando tantas que las convertimos en cuadrículas, hacemos crucigramas con nuestras vidas, ahora sudokus; rellenamos los espacios, ponemos letras y números, creamos teoremas y sinfonías en líneas del pentagrama. Cantamos o sufrimos en silencio una melodía que a veces la compartimos con otros o simplemente nos la contamos a nosotros mismos. Acabamos haciendo un ovillo, un laberinto que nos separa de la realidad donde no existe nada que no sea espacios sin trazos, sin huellas.
Correr, saltar, reirse no necesitan de cauces, no necesitamos nada pero pensamos que debemos crear estructuras, marcas, indicadores que sólo nos llevan al centro del laberinto: líneas maestras, decimos y pensamos con pompa. Estructuras, planes, trazados, mapas. Sí.

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15 diciembre 2007

la pereza

¿Disfrutamos de la vida?.
Muchas direcciones nos apuntan la misma consigna: disfrutar cada momento, saborearlo como si fuese el último. Creo que podemos estar de acuerdo con este mensaje, pero entonces, ¿qué ocurre para que no suceda?. Distintas cosas, pero creo que las principal viene como casi siempre del lado de la religión, de la mal llamada religión. La nuestra en occidente, la cristiana, con sus múltiples hijas descarriadas nos inculca el esfuerzo, el sufrimiento, el sudor, como valores y peldaños necesarios para ganarnos un hueco en algún lugar, cálido y beatífico, del más allá, que como tal ubicación, lógicamente nunca llegamos a saber muy bien dónde se encuentra. El pecado, esa gran baza del poder cristiano, ya nos acompaña desde pequeños pues nacemos con él debido a una antigua historia del pasado, una interpretación más de los responsables de nuestra salvación en esta tierra yerma y seca.
María de Mi pluma de cristal me anima con un comentario a escribir algo y por eso abro un ojo primero, luego el otro y me incorporo ligeramente. ¿Disfruto de lo que llaman no hacer nada?. Sí. Cuando vivo ese cálido viaje de la vigilia al sueño y de éste a la vigilia creo estar en el más allá, no llegan ruidos del exterior; una calma amniótica me envuelve y viajo sin vehículo. No es la mente la que emprende el camino, es la vida misma que mueve sus alas silenciosamente sobrevolando cielo y tierra, comunicando sensaciones directamente a las células y explotando atómicamente, pulverizándose en el universo.

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10 noviembre 2007

¿Quién soy yo?

No me refiero a cuál es mi nombre, ni de qué familia provengo, ni la profesión que tengo, ni la comunidad que me vio nacer, ni siquiera el país o la religión, o no, que profeso. Mi cuerpo..., aquí se atisba algo. La sangre que recorre mis venas, el latido de mi corazón. Esto ya parece tener que ver conmigo.
El nombre me lo han dado, el pedestal de médico, si lo fuese, también. El país, la religión. No, no, esto no es. ¿Quién piensa todo esto que estoy escribiendo?. Sí, está cerca.
¿Los árboles, los ríos, los animales, los planetas?. Parece que compartimos algo, un latido del corazón: vida. Cada vez más cerca. Yo soy vida. Yo, tú, él, ella, nosotr@s, vosotr@s, ell@s, claro. La mente da cabida a todo esto, pero más, aún más. ¿Detrás de la mente?. Una conciencia que hace posible que todo se desarrolle. Una conciencia. Aquí. Una creación, una realización constante, sin tiempo: un eterno presente, velado por mi nombre, mi familia, mi profesión, mi país y mi religión. Y la tuya y la de él y la de ella y la nuestra, la vuestra y la de ell@s, claro. Un juego.
Lecturas: Eckhart Tolle, Osho, Krishnamurti, Sri Ramana Maharsi


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19 octubre 2007

Los sentidos

El sentido del olfato es, para mí, el más veloz de todos. Hoy, percibiendo el olor del ascensor del edificio donde vivo, he viajado en décimas de segundo treinta años:el café, el pan cocido en horno de leña, los ultramarinos, las droguerías, ¡uy!. Se emparenta con los sueños, con la irrealidad del tiempo, con las noticias trágicas de los periódicos, con la comida, con la ropa, con los libros. Es tan sutil que la realidad parece un recuerdo, un sueño. Cuando escribo esto siento mi cuerpo con ligereza, animado por el vacío, las yemas de los dedos viajando a las teclas, la mirada observando la pantalla, la memoria rebuscando ¿dónde?. La sensación del interruptor de la luz, la luz misma, el cine, el sonido de las pisadas en el suelo, el asfalto, la arena de la playa, la tierra a tus pies, los planetas girando, el calor de la calefacción, el humo de la hoguera, la madera húmeda, caliente; la cocina, la comida, el viento, el agua, la lluvia. Si sientes, vives, si piensas, todo se para, vuelves al ascensor, sin escuchar, sin mirar, sin reconocer, sin aprender, sin degustar, ni ver ni oler ni sentir ni imaginar, sin vivir en este paraíso de tierra y aromas.
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17 octubre 2007

pepito grillo y yo... y tú



Desde siempre, los cuentos han sabido encriptar sus mensajes dentro de una estructura colorista y mágica que nos hacían vivir alucinados viajes y relaciones oníricas. Hermanos que emprenden caminos distintos por mandato del rey, su padre, jaulas de oro, brujas voladoras.... Cuentos chinos, lituanos, populares: una variedad infinita de estilos y maneras pero que normalmente tomamos como distracción, ayudados, de un tiempo a esta parte, por los medios audiovisuales.
Pero el cuento mayor de nuestra vida, la de cada uno de nosotros, la recita día y noche una voz alojada dentro que parlotea incansablemente acerca de lo que él/ella quiere. Lo asombroso del caso es que identificamos esa voz con nosotros mismos. Y es que además, no se trata sólo de una voz sino de un coro de grillos que hablan cuando quieren. Lo damos por hecho. Y digo: si observamos sólo uno de esos pensamientos, ¿quién es el que observa, quién el observado?. ¿Los dos (o tres o cinco) somos nosotros, yo?. Son personajes de nuestro cuento particular, nos creemos reyes y mendigos, libres y presos pero no nos damos cuenta que somos los carceleros de una jaula inexistente.


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05 octubre 2007

pequeños recuerdos

Hay días en los que desde que te levantas sufres una serie de pequeños accidentes: un cortecito en un dedo, un golpe contra una mesa, un vaso roto al fregar. Si puedo (si estoy consciente), pongo atención en los mensajes. No los considero un nuevo tipo de publicidad por parte de las industrias farmaceúticas ni de sus criaturas los médicos, tampoco me detengo ni un suspiro en el azar (cuando vea un juego de billar estelar entre los planetas me lo pensaré), ¿entonces?. Me aventuro en el recuerdo de las conversaciones recientes: he hablado acerca de las (pequeñas) incomododades de la vida en pareja, ruidos cuando el otro se acuesta o se levanta, que parecen truenos cuando los escucha el que está en el trance entre vigilia-sueño; en la dominación, o intento, de uno sobre el otro. Uno y otro como dos actores-guerreros que combaten su propia inseguridad, sus miedos; son pequeñas heridas que nos muestran que aún tenemos sangre corriendo en nuestras venas. Esta me parece una mejor explicación
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03 octubre 2007

¿quieres tener un hijo?

Parece que ésta es una pregunta que suelen o solemos hacernos algunos en ciertos momentos de nuestra relación. Intuyo que algo se me escapa acerca del nacimiento de esa posibilidad en el seno de las mujeres, bueno algo y mucho son sinónimos en este caso. Dejando de lado los motivos meramente instrumentales y espero que entonces quede alguno, me pregunto hasta qué punto somos responsables de esa decisión.Me hacen dudar los planteamientos económicos, las presiones sociales y familiares. Me hacen dudar acerca de los demás ¿pero y yo?, ¡ja!, yo lo dudo todo, me digo que no estoy maduro, me digo que voy a perder libertad que me voy a atar a mi compañera, que este mundo.... Temores de los que aún no lo sentimos con claridad. En cualquier caso, ¿somos nosotros los que decidimos esto?
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